Actinomicosis de la región maxilofacial: causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento

La actinomicosis es una enfermedad infecciosa crónica causada por la bacteria Actinomyces israelii que provoca daño en los tejidos. También existe bastante evidencia de infección por Actinomyces bovis y otras variedades de actinomicetos menos patógenos. Aproximadamente el 70-80% de casos clínicos presenta lesión del área maxilofacial, pero el agente causativo puede infectar cualquier otro órgano. Por ahora nos centraremos en la actinomicosis de la región maxilofacial y estudiaremos sus causas, síntomas y tratamientos.

Según las estadísticas, esta infección se presenta en la práctica dental en aproximadamente el 6% de pacientes con dolencias inflamatorias. Además, ocurre con mayor frecuencia en los hombres (2 de cada 3 diagnosticados son hombres).

Actinomicosis de la región maxilofacial: causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento

Actinomicosis de la región maxilofacial: causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento

¿Qué es la actinomicosis de la región maxilofacial, cómo es la infección de actinomicosis y cómo puedes hacerle frente a esta enfermedad? En este artículo obtendrás respuestas a estas preguntas, así que te invito a continuar leyendo.

Causas de la actinomicosis de la región maxilofacial

La causa del desarrollo de la actinomicosis son las bacterias clasificadas como actinomicetos. Estos microorganismos se encontraron por primera vez en animales en el año 1877, y en personas el año 1878.

Los patógenos de la enfermedad son parásitos de las plantas y se desarrollan en varios cereales y cultivos de pasto. Bajo la influencia de factores naturales, se ubican en el suelo, el aire, el agua y luego pueden infectar a una persona a través de la cavidad de su boca.

Una vez dentro del cuerpo de su víctima, esperan las condiciones más favorables para su posterior reproducción y desarrollo. Los actinomicetos se instalan en el sarro, placa, caries dental y bolsas periodontales, sin dar señales por un tiempo indefinido. Sin embargo, bajo determinadas condiciones, empiezan a aparecer los primeros síntomas de la actinomicosis, provocada por las colonias de actinomicetos. Por lo general, esto sucede cuando se produce una infección aguda.

  • En caso de agravamiento de la enfermedad dental.
  • Debido al inicio del síndrome respiratorio agudo y grave (SARS), la influenza, etc.

Los actinomicetos son muy diversos en su composición. La mayoría de estas bacterias se multiplican y crecen bajo condiciones aeróbicas, y el resto son anaerobias. En caso de infección en el 60% de casos clínicos se identifican los representantes de actinomicetos aerobio y anaerobio.

Los actinomicetos forman entre sí una especie de colonias, llamadas “drusas”, que son hilos entrelazados de micelio. El color de dichas formaciones depende de los pigmentos producidos por la microflora concomitante. Por lo tanto, puede ser amarillo, marrón o gris. Después de la tinción antes de la investigación microscópica, la parte central de las drusas se vuelve de color azul, y los glomérulos situados en la periferia se pintan de rosado.

Proceso de infección por actinomicetos

La mayoría de las veces, los actinomicetos se encuentran en las espigas de los cereales (por ejemplo, heno, cebada y trigo). Además, son extremadamente resistentes en el ambiente externo. El ingreso de los actinomicetos al cuerpo humano es por las siguientes vías:

  • Inhalación de polvo contaminado por esporas de las bacterias.
  • Comer partes de plantas afectadas o plantas que no han sido sometidas a tratamientos de alta temperatura.

Un ejemplo de tal método de infección puede ser el hábito de masticar las hojas o el pasto. Además, la probabilidad de infección está presente cuando se prueba masa cruda o se sufre lesiones cutáneas. Por ejemplo, la piel podría sufrir un corte por espinas u hojas afiladas.

Los siguientes factores adicionales pueden contribuir a la infección:

  • Presencia de enfermedades infecciosas crónicas o de larga duración. Por ejemplo, el VIH, la tuberculosis, la neumonía, la diabetes, la gripe, el SARS.
  • Reducción de la inmunidad en caso de hipotermia.
  • Alcoholismo crónico.
  • Dependencia de la nicotina.
  • Curso crónico de enfermedades otorrinolaringológicas y dolencias dentales como periodontitis, amigdalitis y pericoronitis.
  • Úlceras y lesiones de la mucosa presentes en la cavidad bucal.
  • Lesión.
  • Uso prolongado de medicamentos con efectos inmunosupresores.
  • Tratamientos de radioterapia o quimioterapia.
  • Vida prolongada en zonas ecológicamente desfavorables.
  • Mala nutrición.
  • Situaciones frecuentes de estrés y privación crónica del sueño.

Peligro de la actinomicosis del área maxilofacial

La actinomicosis de la región maxilofacial es considerada como una enfermedad peligrosa. Cuando se lleva un tratamiento intemporal o inapropiado, puede pasar a una forma crónica. Entonces a largo plazo puede atormentar al infectado con la aparición periódica de sus síntomas desagradables.

Además de este hecho desafortunado, la enfermedad es peligrosa porque las esporas de los actinomicetos pueden diseminarse por el cuerpo. Cuando esto sucede puede provocar el desarrollo de la denominada actinomicosis generalizada. Esta forma de esta enfermedad infecciosa es similar a los síntomas de la sepsia y en la ausencia de tratamiento oportuno y correcto puede desencadenar la muerte del paciente.

Etapas del desarrollo de la actinomicosis

Después de que el actinomiceto ingresa al organismo de la víctima, inicia un proceso de reacción protectora. Esta reacción conduce a la formación de granulomas infecciosos con signos de proliferación celular. Así se forma el núcleo de la actinomicosis. Su crecimiento es lento. Además, estos focos de semillas están predispuestos a la desintegración y supuración.

La extensión del agente infeccioso del hogar primario ocurre generalmente por el contacto con las capas intermedias de tejido conectivo o el tejido adiposo subcutáneo. Por ejemplo, la actinomicosis del área maxilofacial es capaz de diseminarse a los tejidos blandos del cuello.

Si la actinomicosis tiene lugar en la pared de los vasos sanguíneos, entonces la infección puede diseminarse por vía hematógena. Como resultado de este desarrollo de eventos, los actinomicetos pueden afectar no sólo a los tejidos y órganos cercanos, sino también a las áreas más remotas del cuerpo. En literatura médica hay descripciones de formas generalizadas de esta peligrosa enfermedad infecciosa. Cuando esto ocurre hay infección de prácticamente todos los órganos y tejidos.

  • En el largo curso de la actinomicosis se pueden producir procesos de malignidad tisular y la formación de tumores cancerosos.
  • En el hígado, el bazo, los riñones y las glándulas suprarrenales es capaz de formar focos de amiloidosis.
  • Los tejidos del sistema linfático (ganglios linfáticos, amígdalas, bazo) son más resistentes a los actinomicetos. Por lo tanto, es muy raro encontrar este tipo de infección en estas zonas.

Etapas clínicas de la actinomicosis

En el curso clínico de la actinomicosis de localización maxilofacial, los especialistas se distinguen las siguientes etapas:

1. Destructivo

Se manifiesta en forma de absceso intraóseo con síntomas evidentes de inflamación purulenta. Es un proceso que no solo afecta el hueso de la mandíbula y el tejido de la zona aledaña. Se expresa por la presencia de un malestar general, manifestaciones de intoxicación y aumento de temperatura corporal.

2. Productivo-destructivo

Manifestado por síntomas menos explícitos, dura y progresa con el tiempo. Está acompañado por periodos de agudización, provocando un aumento en la escala de la lesión. Cuando se estabiliza al paciente, pasa la fiebre y los dolores y signos de intoxicación se hacen menos evidentes.

3. Productivo

Formación de tumor en los huesos de la mandíbula, engrosamiento de los tejidos blandos del sistema óseo y la formación de pasajes fistulosos se vuelven más sutiles. En este momento cuando el paciente manifiesta dolor intermitente y aparecen las deformaciones faciales.

Signos y síntomas de la actinomicosis de la región maxilofacial

En la forma submucosa de la actinomicosis el paciente observa dolor en la boca durante la alimentación o la conversación. Las manifestaciones o síntomas de la actinomicosis del área maxilofacial son divididas por los especialistas en las siguientes formas:

Mucosa

La enfermedad es casi asintomática, en el lugar de implantación de la bacteria hay un sello, cuyos contenidos se vierten a menudo hacia fuera

Submucosa

El paciente tiene dolor en la recepción del alimento, al conversar y/o al ingerir la saliva. Cuando el especialista inspecciona la cavidad bucal, frecuentemente nota que las membranas mucosas se soldaron con otros tejidos.

Capas de la piel de la zona maxilofacial

Más a menudo en las áreas de la boca, mentón y mandíbula, se presentan protuberancias densas y/o pústulas de color rojo brillante o azulado. Cuando ocurre esto, la enfermedad avanza sin aumento en la temperatura corporal, el termómetro marca menos de 37,5 grados.

Subcutáneo

La infección también se extiende al tejido adiposo subcutáneo, se forma una infiltración y el paciente evidencia hinchazón y dolor en la zona afectada.

Músculo subcutáneo

La actinomicosis también afecta a los tejidos de los músculos y los huesos, la fibra interfacial e intermuscular. Cuando esto ocurre, el paciente no puede abrir la boca debido al dolor. También son frecuentes las subidas de la temperatura del cuerpo. La piel sobre el área afectada adquiere tinte rojizo-azulado y se une a los tejidos subyacentes debido a la materia purulenta de los tejidos dañados por los actinomicetos.

Actinomicosis de las amígdalas, lengua y glándulas salivales

Las lesiones en estos órganos orales son fáciles de identificar cuando ocurre este tipo de infección.

Granuloma odontogénico

Sucede cuando la lesión se encuentra en los tejidos del periodonto. Los signos del daño causado por los actinomicetos pueden estar presentes en los tejidos cercanos.

Actinomicosis del periostio

Las muestras de la lesión tienen una forma exudativa, en la que el foco está formado por los actinomicetos. También se puede evidenciar una forma productiva en la que se produce el engrosamiento del hueso.

Actinomicosis de los ganglios linfáticos

La lesión de los tejidos linfoides se expresa en los síntomas de linfadenitis, linfagitis o adenoflemón.

Por lo general, en la actinomicosis de la región maxilofacial la lesión se localiza en la mandíbula inferior. También puede localizarse en el maxilar, malar o temporal. Cuando se toma una radiografía, se visualiza la estructura de mosaico del tejido óseo, lo que indica la presencia de encías intraóseas y abscesos. Se identifican signos de pequeños focos de necrosis ósea y adelgazamiento y desaparición ósea. En casos severos, se evidencian signos de destrucción a gran escala del tejido óseo. Con la infección secundaria por bacterias piógenas se desarrolla el cuadro clínico de la osteomielitis crónica.

Los siguientes signos de reducción de la inmunidad se identifican en el estudio de la sangre del paciente con actinomicosis:

  • Aumento del número de supresores T y del nivel de células cero.
  • Reducción del número de linfocitos T.
  • Caída brusca en IN (índice de carga).

Diagnóstico de la actinomicosis: cómo identificar la infección

Para diagnosticar la actinomicosis o identificar la infección por actinomicetos se realizan los siguientes estudios:

  • Examen de la cavidad oral y de las zonas afectadas.
  • Investigación microbiológica de las secreciones de la lesión.
  • Análisis histológico de los tejidos afectados.
  • Radiografía de la zona afectada.
  • Cultivo del esputo, la mejor forma de obtener la muestra es por endoscopía.
  • Estudios clínicos de orina y sangre.

Para evitar el diagnóstico erróneo, se realiza la diferenciación de la actinomicosis con las siguientes dolencias:

  • Tuberculosis cutánea.
  • Sífilis.
  • Neoplasias malignas de localización maxilofacial.

Tratamiento de la actinomicosis del área maxilofacial

El tratamiento de la actinomicosis de la zona maxilofacial debe ser complejo y ser conducido por el dentista. Por lo tanto, es inaceptable cualquier tipo de tratamiento independiente para la actinomicosis. Debido a un tratamiento erróneo o incompleto, la actinomicosis podría pasar a su forma crónica o generalizada.

La lucha contra tal enfermedad infecciosa debe siempre ser compleja e incluir no sólo los métodos conservadores, sino también quirúrgicos. Se incluyen métodos como la higiene de la cavidad bucal y la apertura y eliminación de lesiones actinomicóticas orales.

En el tratamiento de la actinomicosis de localización maxilofacial se pueden utilizar las siguientes técnicas quirúrgicas:

  • Retiro de dientes dañados, que son las puertas de la entrada para los actinomicetos.
  • Remoción de cuerpos extraños.
  • Rehabilitación de focos patológicos en el oído, la garganta y la cavidad nasal.
  • Retiro de las úlceras formadas por la actinomicosis.
  • Eliminación de granulaciones actinomicóticas (teniendo en cuenta su tipo).
  • Extirpación de las áreas hinchadas debido a la infección del hueso.
  • Raspado de los focos intraóseos de la actinomicosis.
  • Extirpación de los ganglios linfáticos afectados por la actinomicosis.

Después de la intervención quirúrgica, se presta especial atención al cuidado de la herida postoperatoria. Debe lavarse con soluciones medicinales, que tengan efectos químicos, biológicos y mecánicos sobre el foco infeccioso.

Medicamentos para tratar la actinomicosis

Para la terapia de los pacientes con actinomicosis de localización maxilofacial se recetan los siguientes medicamentos:

  1. Penicilina para administración intravenosa a una dosis de 18-24 millones. El tratamiento se extiende por 2 a 6 semanas con la admisión subsecuente de amoxicilina en forma de píldoras por 6-12 meses.
  2. Amoxiclav 2g tres veces al día durante 7 días, seguidos de una reducción de dosis de hasta 1g tres por día durante la semana. Algunas veces la duración de la admisión aumenta a 1 mes.
  3. Fenoximetilpenicilina 2g por día durante 6 semanas, o tetraciclina 0,75 g cuatro veces al día durante un mes. También se puede usar eritromicina 0,3 g cuatro veces al día durante 6 semanas.

Prevención de la disbiosis por el tratamiento contra la actinomicosis

La recepción prolongada de antibióticos implica la prevención de la disbiosis que se puede provocar por estos medios medicinales. Para este fin se receta al paciente los siguientes prebióticos:

  • Linex;
  • Hilak Forte;
  • Bifidumbacterin, etc.

Tratamiento contra los hongos

Para la destrucción de hongos se indican los siguientes antimicóticos:

  • LEVORIN o nistatina 500, 3-4 veces por día.
  • Nizoral (o ketoconazol) 0.2-0.4 g en crema.
  • Yoduro de potasio 5-10% solución (para admisión oral) a 1 cucharada 4-6 veces por día.
  • Miconazol 0,25, 4 veces por día.

La elección del agente antimicótico, su dosificación y duración de la administración es determinada sólo por el médico. En este caso, se guía por la complejidad del caso clínico y los datos sobre la salud general del paciente.

Estabilizar la inmunidad del paciente con actinomicosis

Para la estabilización de la inmunidad se recomienda al paciente la inmunoterapia, consistente en el uso de actinolizado. Esta es una solución estéril, que incluye una mezcla de lisados actinomicetos. Tomar tal medicamento estimula la fagocitosis. Este agente inmunoterapéutico se administra por vía intramuscular:

  • Adultos y niños mayores de 14 años de edad: 3ml.
  • Niños 3-14 años: 2ml.
  • Niños menores de 3 años-0,1 ml/kg de peso.

El curso del tratamiento es 10 a 25 inyecciones. El intervalo entre los cursos es de 30 días. El número de inyecciones por curso y su número total se determina por la severidad del caso clínico. Después de una recuperación completa, se le asigna al paciente otro curso profiláctico de actinolizado, consistente en 15-20 inyecciones.

Tratamiento conservador contra la actinomicosis

La terapia conservadora de la actinomicosis es suplida por procedimientos de la fisioterapia:

  • Electroforesis.
  • Oxigenación hiperbárica.
  • Fonoforesis.
  • Cuarzo.
  • UHF.
  • Inmunoterapia.
  • Terapia con láser.
  • Myogymnia y terapia del ejercicio.

¿Cuál es el pronóstico para el paciente con actinomicosis?

Con la iniciación oportuna del tratamiento para la actinomicosis de la región maxilofacial el paciente tiene un pronóstico favorable. Después de la terminación de la terapia, en el paciente sigue habiendo algunos rezagos residuales de la infección. Además, queda el daño en el aspecto como consecuencia de la cicatriz en el área de la infección.

El pronóstico desfavorable es característico para los casos clínicos avanzados. Por lo general, estos casos incluyen deformaciones de huesos o el desarrollo de la forma generalizada de actinomicosis. En casos más severos, es muy probable un desenlace fatal.

Qué médico contactar para el tratamiento contra la actinomicosis maxilofacial

En el caso de signos de enfermedad en forma de bolsas en el área maxilofacial de color rojo o azulado, dolor al masticar, conversar o intentar abrir la boca, debes consultar a un dentista, cirujano o especialista. El médico prescribirá una serie de estudios diagnósticos (microscopía de secreción purulenta, análisis histológico, estudios inmunológicos, etc.). Así podrá distinguir la actinomicosis de otras patologías.

En caso de ser necesario, se puede requerir la participación de médicos de otras especialidades. Estos profesionales pueden participar tanto en los exámenes de diagnóstico como en el tratamiento del paciente.

La actinomicosis del área maxilofacial es causada por los actinomicetos y conduce a la lesión del hueso y de los tejidos suaves de esta zona anatómica. A largo plazo, la actinomicosis puede extenderse sobre los tejidos de la cara y el cuello. Provocando así deformaciones en la cara y el cuello.

Cuando la enfermedad se encuentra en un estado avanzado puede desarrollarse actinomicosis generalizada. Esta etapa es bastante peligrosa ya que en muchos casos el desenlace es la muerte del paciente. Es por eso que el tratamiento de la actinomicosis siempre debe comenzar a tiempo y ser supervisado por un especialista.

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